Buscando la Nada ...


Uno busca y se pregunta tantas cosas. Hoy, escribiendo estas palabras me pregunto por ejemplo como sería la mejor manera de comenzar esto.

Como tratar de hacer algo que la gente quiera leer, disfrutar, algo que los ayude
a buscar y los ayude a comenzar ese viaje en su interior. A enseñarles que la vida hay que mirarla de tantos colores. Con tantos matices. A comprender muchas cosas y a entender el porqué de ellas. A mí me costó muchas cosas, y me enseño demasiado.

Mi gran aventura comenzó cuando tenía 11 años, empece a escribir para liberarme, y para exorcizarme de un amor platónico que me estaba pidiendo a gritos lo dejara salir.


Pero a esa misma edad, exactamente el día de mi cumpleaños, fallece mi bis abuelo. Para una niña de esa edad empezar a cuestionarse de la muerte puede ser algo traumático, para mí no lo fue. Quería saber más.


¿Porque nos morimos? ¿Que pasa después? ¿Que viene después? ¿Seguimos en espíritu viviendo en este mundo? ¿A ellos nos referimos de fantasmas? ¿Que es el alma? ¿Que se siente en ese trance de dejar el cuerpo físico? ¿Nos estamos mirando a nosotros mismos?


Todo eso pasaba en cuestión de segundos por mi cabeza mientras estaba sentada mirando como la gente pasaba y observaba el cuerpo frío de mi bis-abuelo. Y de fondo, él había preparado un cassette con conversaciones sobre la muerte y su legado. Ver aquella imagen me ponía más en trance. Pareciera siento el olor a flores que rodeaban su ataúd.


Tan importante no creemos y así terminamos. Fríos en un cajón de madera, sin ya no poder movernos. ¿Tanto que nos preocupa lo material, y donde queda todo eso?


Recuerdo ir caminando por el cementerio y ver tantas y tantas tumbas. Una al ladito de la otra. Ver los nichos, todos amontonados uno arriba del otro. Y por último, unos nichos bajo tierra, que para deleite del visitante que va bajando las estrechas escalinatas uno se puede ir agarrando de … Ellos (mini tumbas). Si, te tenés que ir agarrando de las tumbas.

Sí, imagínense ir bajando a aquel lugar oscuro, lleno de pequeñas lápidas en forma de cajotas de zapatos una arriba de la otra. Algunas olvidadas por el tiempo, otras bellamente decoradas con lindas flores de plástico un poco añoradas por los años. Mientras que las que si tenían flores naturales ya entrando en proceso de opacarse al igual que sé opaco la vida de aquel a quien decoraban hoy su morada.


Ese olor al agua estancada, ese dulce olor a las flores y una mezcla de no sé que, era el paisaje perfecto para una película de terror. Pero yo solo pensaba, hasta aquí llegamos. Ahí nomas.


’Me recordarán mis nietos?’, me preguntaba, ‘y mi bis-nietos?’. Me dejarán tirada como veía a algunas tumbas que hacía mucho no habían sido visitadas. Me daba tanta pena eso, sentía lástima. ¿Pero cuándo uno se muere, te importara eso?


Más linda fue la imagen de justo virar mi vista y observar a una señora que muy adoradamente aseaba el pequeño nicho y para mi propio colmo con alma de chusma pude ver aquella bolsa de tela blanca en donde reposaban los restos de su ser querido. Este con una enorme cruz de plata sobre sus haberes.


Eso me marco para toda la vida, a veces me da escalofríos, pero es la realidad. Esa es la ley y la ley hay que cumplirla.


¿Entonces, porque llamar mi libro ‘Buscando la Nada’? Porque después de un proceso de años, después de buscar y leer cuanto libro podía. De trescientas clases de catecismo, luego de basarme y sentirme muy afiliada a lo que es la metafísica. Después de aprender de Osho, aprender reiki, redecorar toda mi casa con Feng Shui, de meditar, ver fiestas de umbanda e idolatrar a Saínt Germain y su llama violeta, he llegado a la conclusión, que nunca voy a estar satisfecha.


Esas ganas, tantas, de querer saberlo todo y de preguntarme por qué, me han llevado a tantos puntos y lugares. He visto y escuchado tantas cosas. He aprendido, he absorbido cuanta información podía, solo para saber que, esa búsqueda nunca termina. Es un sin fin, es un nada.


Como toda niña buena, fui criada bajo la religión católica, pero como dirían muchos, hoy tengo mi propia religión. Tengo un poquito de todas, pero sigo mis propias creencias.


Eso es lo bueno cuando uno está abierto a diferentes opciones, cuando uno quiere aprender un poquito de todo. Uno es más flexible y al ser más flexible uno comprende y respeta mucho más las ideas y creencias de los demás. Porque?. Porque uno está tan hambriento de aprender y de saber más y más, que acepta. Y al aceptar estás aprendiendo.


Por ejemplo: no soy budista, pero he leído, he buscado y he hablado con gente que respira esas creencias. Lo que me hizo fue que aprendí, conocí y acepte. Tengo un poquito de todas. Y aún sigo por más. Aún no se termina, aún sigo buscando, no sé lo que, es que esa búsqueda me lleva a seguir mirando, a seguir preguntándome tantas cosas. Me digo, ‘wow tengo tanto por recorrer!’.


A que me refiero con buscar a la nada, es que siento que esa búsqueda de algo, esa búsqueda a mi ser, es un todo tan grande, que me lleva a plantear el hecho de que solo debo dejarme ir. A que me arrastre la corriente. No sé exactamente como terminaré, no sé en sí a donde voy, pero si sé que es el lugar más hermoso de todos, donde por fin tendré paz. Donde no encontraré más temores, más frustraciones, no habrá odio, ni celos, ni tristeza. No más sentimientos encontrados, ya no más penas en el alma. Esa es mi nada. Y allí es a donde me dirijo.


Me acompañan?

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